lunes, 14 de septiembre de 2009

A la pata coja



Me siento enfadada con el universo, aunque quizás la realidad sea que en el fondo estoy enfadada conmigo misma. Estoy enfada por no saber parar, ni siquiera darme cuenta de que había cogido tal inercia que la velocidad iba en aumento. Ahora que miro la situación desde otra perspectiva, realmente era como estar metida en una especie de pista para trineo donde solo había cabida para un aumento de la velocidad según iba alcanzando etapas. Yo no sentía que estaba en un circuito cerrado, pero lo cierto es que mi cuerpo así lo interpretaba.
Luego apareció la dichosa falta de humor que tiene el universo. Seguro que alguna vez habéis oído decir: ten cuidado con lo que desees. Si no lo habéis oído nunca, todavía estáis a tiempo.
Como iba diciendo, el universo no tiene sentido del humor, aunque a veces nos pueda parecer lo contrario. Tú le pides y él te da. Es así de sencillo o más bien así de complicado. Digo complicado, porque uno debe medir mucho las palabras que emplee aunque no sean vocalizadas y se queden en el pensamiento, porque siempre serán interpretadas.
Por ejemplo, tú le pides tener más tiempo y tener más paciencia como una nueva cualidad a la que aspirar y él te da una fractura de tobillo. Así, sin previo aviso para poder ir haciéndote a la idea e ir preparando el terreno.

Como dice el refrán: los toros desde la barrera se ven muy bien. Y es cierto. Los que me conocéis pensaréis que simplemente debo dar las gracias por solo tener un tobillo roto, (contracturas aparte), y no están equivocados, pero como soy agradecida por naturaleza, se que dar las gracias no me va a eximir de mi aprendizaje.
El aprendizaje de cualquier cosa, sobre todo si supone un cambio importante en nuestra vida, es siempre duro de sobrellevar.
La vida no nos da más sufrimiento del que podemos soportar, aunque muchas veces lo dudemos. Por ello, con el tiempo, cuando miramos hacia atrás, aquella montaña de sufrimiento que tuvimos que escalar no nos parece tan grande, quizás por todo aquello que ganamos o adquirimos durante el tortuoso ascenso.

Son a fin de cuentas durante los reveses de la vida cuando aprendemos sobre nuestras verdaderas cualidades y capacidades, que de otra forma nunca hubiéramos descubierto. También es cuando recibimos cariño de personas que si no hubiese sido por este revés nunca hubiéramos sospechado que albergaban esos sentimientos hacia nosotros. Y también descubrimos que aquellas personas que nos ofrecían amistad antes del revés, era realmente una mera camaradería que mal interpretamos, pero que esto incluso es interesante y aporta mucho conocimiento interior.
Si lo miramos fríamente, sentimientos aparte, realmente negativo, lo que se dice negativo, no hay nada. Hay dolor, de eso no cabe ninguna duda y también hace su aparición en escena el puñetero temor, pero al final de ese trecho descubrimos que hemos llegado con la maleta llena de cosas buenas.

Hombre, si nos queremos poner negativos, siempre se puede poner uno negativo, porque no hay imposibles, pero entonces perderemos y desaprovecharemos muchas cosas y a mi personalmente no me gusta perderme ni ripio.
Aún así, como estoy al principio de mi camino, o mejor dicho, de esta inesperada frenada en seco, pues estoy muy enfadada y necesitaba dar esta pataleta, pero ya sabéis que me enrollo mucho, más que nada porque siento que tengo mucho que compartir.
Alioth